contra la criminalización de la desobediencia civil

Iniciativa social de denuncia y solidaridad con las personas condenadas por la pieza “Desobediencia Civil” en el sumario 18/98

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Entrevista publica en Haritu

Sabino Ormazabal | Condenado en el sumario 18/98

Sabino Ormazabal Elola (Donostia, 1953) lleva más de 25 años profundamente implicado en el campo de la filosofía y la acción política no violenta y cuenta con una amplia trayectoria en los movimientos sociales, en la ecología y en el antimilitarismo. Sin embargo, ha sido condenado a 9 años de cárcel por colaboración con ETA dentro del sumario 18/98, en el llamado «caso Kas-Ekin-Xaki». Actualmente está en libertad bajo fianza y ha interpuesto un recurso de casación ante el Tribunal Supremo. Su intención es agotar todas las vías legales para demostrar que «he sido condenado por un delito que no he cometido», aunque basándose en su reciente experiencia, desconfía del correcto funcionamiento de la Justicia.

Haritu: ¿qué tal te encuentras?
Sabino: yo bien. Hay gente que se empeña en decirme que no puede ser que esté bien, que con todo lo que está granizando tengo que estar mal. Yo creo que son preguntas retóricas a las que contestamos de igual forma, retóricamente… Yo estoy flotando aún. Pero peor están los que se han quedado presos, los familiares que tienen que viajar miles de kilómetros, mi hijo… Y si les preguntas a ellos, igual te sorprendes de la respuesta que te dan: ¿Y tú?…

Haritu: ¿Por qué has sido juzgado en este proceso?
Sabino: se me atribuye colaboración con ETA en una supuesta estrategia de desobediencia civil, al igual que al resto de componentes de la Fundación Joxemi Zumalabe, por lo que nos han condenado a 9 y 10 años
de cárcel, 21.000 euros e inhabilitación para cada uno, exceptuando a Carlos Trénor, que está sentenciado por pertenencia a 18 años en la pieza Orain-Egin. Se acusa a los miembros de la Fundación el haber  posibilitado que se hable de desobediencia civil entre los movimientos sociales. Un grave delito de opinión. Centrándome en la pregunta, respecto a mí hay tres acusaciones concretas y ninguna prueba que se sostenga para tal sentencia. La primera acusación es la de haber participado en algunas reuniones de la Fundación en las que se abordó, entre otro montón de temas (otras jornadas sobre comercio alternativo…), la realización de un encuentro público en Bilbao sobre la desobediencia civil. La segunda acusación es la de decir en una conversación telefónica que un texto presentado como manifiesto para los primeros encuentros de los movimientos sociales en Donostia era «duro», «contundente» y «directo». Y la tercera es que fui «consciente y consentidor de la remisión» de la Guía de Movimientos Sociales que elaboramos en
1999 «a la cúpula de la organización terrorista (…) asumiendo así el ‘proyecto desobediente’ impulsado por ETA como forma de lucha complementaria».

Haritu: dices que no hay ninguna prueba. ¿Qué dice al respecto la sentencia?
Sabino: pues, poca cosa, la verdad. A lo largo de las 1.182 páginas que tiene se transcriben numerosos párrafos entresacados de publicaciones y ponencias distintas elaboradas por KAS, EKIN, ASK y diversos particulares sobre la desobediencia, que nada tienen que ver ni conmigo ni con la Fundación. En la misma
época que esos textos, aparecieron otros más en publicaciones de Elkarri, Gesto por la Paz, Hika, Larrun… pero no los transcriben. En cambio, los primeros los entremezclan con asuntos nuestros para que parezca que la acusación está fundamentada y todo termine en lo mismo. Para que todo entre en el mismo saco acusatorio.
Pero no es así, la realidad es otra y no pueden probar lo que no es. Es una construcción hueca la que formaliza la sentencia a falta de pruebas consistentes. Así, en la página 998 empiezan a relatar mis declaraciones en la Audiencia Nacional y en el acto de juicio. Ambas coinciden, no hay contradicción. Pero terminan el apartado poniendo: «Luego analizaremos las pruebas que le afectan». ¡Pues hasta hoy, oiga! Sigo esperando esas pruebas. Invito a que se lea la sentencia y me digan si concreta en algo la acusación particular, no genérica, sobre mí. Pero entremos en las tres acusaciones citadas. Para empezar, no es cierto que participé en «todas» las reuniones en que se habló sobre desobediencia civil. Al parecer no le debimos hacer mucho caso a ETA, porque sólo son 5, de las 27 reuniones realizadas por la Fundación, en las que se habla algo de desobediencia civil hasta la primera detención. Para seguir, y ello nos da una idea de lo que ha
sido este juicio, declaró como testigo un antiguo miembro del patronato de la Zumalabe que dijo haber sido él quien planteó el tema de la desobediencia civil en esas reuniones. Pero esta persona no fue ni detenida ni procesada por ello. Además, esas cinco reuniones citadas abordaron la realización de una única jornada
sobre desobediencia civil en Bilbao, en el año 1997, dos años antes de que fuera presentada la ponencia «Piztu» en Donostia, que parece ser la base en la que se quiere sustentar la sentencia.

Esta ponencia está escrita por Mikel Zuloaga y así lo dijo públicamente desde el primer día de nuestra detención. Dijo que era de él y no de ETA, aunque una copia de las cientos que repartió Zuloaga fue encontrada en manos de un miembro de esa organización. Le detuvieron al mes. Conclusión policial: la
ponencia Piztu presentada en las jornadas de 1999 en Donostia lo fue bajo órdenes de ETA y fue la Fundación Joxemi Zumalabe la que se encargó de «suavizarla» para hacerla llegar a los movimientos sociales más «maquillada». Y aquí viene la segunda acusación. A falta de otras pruebas, la sentencia confunde intencionadamente las conversaciones realizadas sobre el tríptico empleado para anunciar esas jornadas y

el texto de la ponencia Piztu. Las horas y faxes distintos en los que fueron enviados ambos, sus contenidos, su estructura (uno es un manifiesto y el otro es una ponencia de muchas páginas)… nada tienen que ver. Pero incluso ninguno de los calificativos que la sentencia pone en mi boca los dije yo. No hay más que escuchar (o leer) la cinta (o la transcripción) que presentó la propia Fiscalía. Ni lo han comprobado sus señoríasas… Finalmente, lo de la Guía es escandaloso. Al parecer «alguien» que escribe en tercera
persona elabora un informe en euskera sobre las actividades de la Fundación y de la Guía de Movimientos Sociales en particular. La sentencia afirma que un ejemplar de la Guía la tenía también ETA, por lo que «alguien » se la hizo llegar (traducen del euskara «pasatzen da», se pasa, por «nos pasan»). Como
no pueden probar quién lo hizo -recordemos que estaba a la venta en las librerías- nos lo encajan a todos. Y se fuman un puro.

Haritu: ¿Cómo te sentiste al escuchar esas acusaciones?
Sabino:
ya lo dije ante Garzón en la Audiencia Nacional y ante el tribunal del juicio en la Casa de Campo: yo asumo lo que hago, pero no me acusen de lo que no soy ni de lo que no he hecho. Yo he estado toda mi vida en movimientos sociales. Que no me juzguen ahora por ello. No hay delito en la Zumalabe, y no hay pruebas porque no hay hechos delictivos. La realidad es mucho más simple que todo el montaje que se han cascado para joder a unos veteranos. Yo he dicho lo que pensaba y la realidad de los hechos en todos los sitios, también en el juicio, delante del resto de personas procesadas, del fiscal y del tribunal. Desgraciadamente, hay más tapones en los oídos de los que nos imaginamos. El tribunal no ha recogido en la sentencia ninguno
de los 85 testimonios de los testigos que presentamos, ni ha tenido en cuenta nuestro «desnudo integral» al hacerle entrega de todo lo que ha hecho la Fundación desde su nacimiento. De ahí que siga flotando.
Haritu: ¿Tenías alguna noticia o intuición sobre lo que iba a ocurrir, sobre qué podían llegar a encausarte?
Sabino: ¡Quién me iba a decir a mí que a estas alturas y con estas canas iba a verme en esta pesadilla por estar en una Fundación! Es verdad que paralelamente a que ETA iba actuando contra nuevos objetivos en sus atentados, el Estado iba paralelamente ensanchando la raya del entorno, hasta llegar a la teoría del «todo es ETA». Habían cerrado medios de comunicación, se había ilegalizado a varios colectivos, luego hicieron una ley para penalizar una consulta… pero la Fundación no estaba en esa órbita. ¡Eso es lo que yo pensaba! Pero tururú. No. No lo esperaba nadie.
El operativo contra la Zumalabe fue un shock social. Y mucha gente empezó a partir de entonces a mirar su espalda, porque en esta ocasión era el entorno del entorno el que se llevaban por delante.

Haritu: ¿Cómo viviste el juicio en la Casa de Campo?
Sabino:
tras más de cuatro años de espera llegó el juicio oral, que duró nada menos que 16 meses. Un récord en la Audiencia Nacional. Durante ese tiempo tuvimos que ir todas las semanas a Madrid. Parecíamos un ascensor de tanto ir para arriba y para abajo. Entre los procesados tuvimos de todo: un muerto, dos
fueron apartados del juicio por enfermedad grave, otro más lo fue temporalmente, varios heridos en accidente de circulación… No se sostiene que, si tal como dijo la jueza en la lectura de la sentencia, las personas juzgadas éramos las «entrañas» y el «corazón» de ETA, se hubiera tenido a gente tan peligrosa

paseando por las calles de la capital del reino,  entrando en bares, cines y establecimientos de todo tipo durante tanto tiempo. Algo pudo pegarse (algún ligue de «corazón» sí hubo).
En cuanto a mí, aproveché bastante bien el tiempo. Tengo ahora más amigos en Madrid que antes, asistí a debates, leí bastantes libros y publicaciones durante las pesadas sesiones…

Haritu: parece que te has convertido en uno de los protagonistas de tu publicación «Un mapa (inacabado) del sufrimiento», recopilación abierta de datos sobre las violaciones de derechos humanos, las agresiones
a las libertades y el padecimiento de las víctimas en el conflicto vasco…

Sabino: la verdad es que empecé en la cárcel a escribir aquel libro. Pero, desgraciadamente, el sufrimiento está muy repartido en nuestra sociedad. Más de lo que nos imaginamos. Tras tanto número que se recoge en esa recopilación de datos está una parte importante de la gente que nos rodea, aunque, en muchas ocasiones, sólo percibamos el dolor de los que tenemos más cerca o aquel con el que nos identificamos
por nuestra forma de pensar. Lo que tenemos que hacer cuanto antes es lograr humanizar el conflicto y parar cualquier espiral de violencia y todo tipo de ataques contra los derechos humanos, para que no haya nuevos
protagonistas en futuros libros.

Haritu: tu compromiso en contra de la violencia arrancó hace años. ¿La sentencia te hace replantear esa opción de no violencia?
Sabino: ¿Por qué debería hacerlo? Creo que la no violencia activa es el futuro para mi país, la actual situación no cambia con más violencia. Su empleo no crea más que nuevas injusticias. La opción de la no violencia es la más deseable, porque es la más eficaz y la más humana.

Haritu: y, ¿ahora?
Sabino: está en trámite el recurso de casación ante el Tribunal Supremo. Vamos a recurrir y vamos a llevar ante todos los tribunales y foros posibles nuestra defensa y nuestra verdad. Vamos a agotar todas las vías legales existentes aunque cada vez esté más desprestigiada la Justicia. Quien tiene la balanza puede inclinar los platos al lado que quiera, y la balanza la tienen unos desde hace mucho tiempo y no la quieren soltar. Nos toca dejar al desnudo la nula separación de poderes y los ataques a los derechos civiles más elementales. Cuando estuve preso en 2000 inicié los trámites para ser considerado preso de conciencia por parte de Amnistía Internacional. Desde entonces he mantenido relación con ellos, y si finalmente tengo
que ingresar en prisión, me consideraré un preso de conciencia, con todo lo que ello supone. Hay mucha gente que me ha escrito y está a la espera de acontecimientos. Si el Supremo no admite que no hay pruebas para condenarnos, la cárcel será para mí un nuevo frente de no violencia por la dignidad y a favor de todos los derechos para todas las personas.

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